Rompiendo los mitos sobre el Yoga

¿Por qué aún hay quienes dudan en practicar Yoga? Repasamos los principales mitos que hacen que te resistas a practicarlo. Es muy fácil coincidir con la idea de que hoy en día, el yoga, la meditación, el mindfulness y la importancia del bienestar personal y el autoconocimiento han conquistado gran parte de nuestra atención. Vemos […]

¿Por qué aún hay quienes dudan en practicar Yoga? Repasamos los principales mitos que hacen que te resistas a practicarlo.

Es muy fácil coincidir con la idea de que hoy en día, el yoga, la meditación, el mindfulness y la importancia del bienestar personal y el autoconocimiento han conquistado gran parte de nuestra atención. Vemos cada vez más en redes sociales, podcasts y otros medios, consejos sobre hábitos saludables, nutrición balanceada, la importancia de tomar tiempo para ti mismo y la relevancia del movimiento del cuerpo. Incluso, muchas empresas están incorporando clases de yoga como parte del pack de los beneficios laborales para sus empleados.

Sin embargo, la barrera que separa el decir «sí al yoga» de aquellos que piensan «el yoga no es para mí» o “me aburro en clases de yoga”, sigue siendo bastante gruesa. Aún hay muchas personas que se resisten a la idea de practicar yoga o meditación, y es cierto que todos tenemos el libre albedrío para decidir qué prácticas incorporar en nuestra rutina diaria. Algunos prefieren asistir a una clase de Zumba, Body Pump o ejercicios de alta intensidad en el gimnasio, antes que a una sesión de «espalda sana» o «Vinyasa Yoga». Sin embargo, dentro de estas decisiones, todavía hay un gran desconocimiento sobre los beneficios del yoga y cómo asistir a una buena sesión de esta práctica puede impactar en la mejora de la salud física y mental, más allá del mat.

El Yoga, puede ser una práctica que se extiende más allá del mat.

Tras explorar comentarios en redes sociales, conversar en distintos entornos sociales y recoger impresiones de alumnos tanto en gimnasios como en estudios, he podido identificar una serie de mitos bastante comunes que llevan a muchas personas a rechazar el Yoga basándose en ideas preconcebidas o malentendidos sobre esta práctica. Además, durante el tiempo que he estado cubriendo la recepción del centro donde imparto clases, he tenido la oportunidad de escuchar de primera mano las dudas, curiosidades y excusas más creativas —y a veces divertidas— que confirman estos mismos mitos. Así que aquí os los comparto, junto con las razones por las que, en realidad, no son más que eso: mitos.

  • No soy flexible
  • Me aburren las clases, necesito descargar más
  • No sé meditar, no puedo estarme quiet@
  • La parte espiritual no me gusta, no “creo” en ello.
  • No sé qué estilo de Yoga me encontraré o si me gustará
  • Tengo un nivel poco avanzado en Yoga

1. Flexibilidad como barrera para no atreverse con el Yoga

Ver esos videos en redes sociales de peronas moviendo el cuerpo de forma que parece imposible, o ver cuadros o fotografias de maestros yoguis con poses que nos hacen pensar que no son seres de este mundo, puede dar la impresión de que el reto del Yoga es alcanzar ese tipo de posturas. En realidad, el significado del Yoga es unión (yug en sánscrito) y, de forma muy resumida, propone conectar con un estado de meditación a través de tomar consciencia del estado de la respiración, el cuerpo, la mente. Las posturas (asanas), son estados del cuerpo que se realizan para poder permitir que nuestra energía y respiración habite en nuestro cuerpo de una forma u otra, por ejemplo en un saludo al sol cuando realizamos la «tabla» o plancha, realizamos una retención dela respiración, en «chaturanga» o plancha baja exhalamos y seguidamente, en perro boca arriba inhalamos. Vemos entonces que a través de esta secuenciación de movimiento, o el llamado vinyasa, dedicamos cada asana a cada uno de los momentos de la respiración. También, cuando estamos en una posición estática y tan sencilla como «sukasana» (posición fácil o sentada), observamos que nuestra respiración fluye de forma completa y suele ser nuestra postura más utilizada en meditación.

Sabiendo todo el detalle de este proceso vemos que una práctica de yoga envuelve tantas cosas que al final la flexibilidad no es lo más importante ni lo que vas a disfrutar de una clase de yoga. Me gusta decir que Yoga no es contorsionismo, y si lo piensas o lo compartes con tu compeñer@ de la sesión, si realizas una posición y te quedas en la mitad sin alcanzar tus pies, tu efecto de estiramiento y sensaciones son completamente las mismas de aquella persona que sí que alcanza los pies y logra hacer la postura completa.

2. Ver el Yoga aburrido y muy lento o pausado

Esta se la he escuchado compartir a muchas personas de mi entorno que nunca han practicado Yoga, que practican otros deportes o bien, que de verdad no les gusta y es que, hay que respetarlo: el Yoga no es una disciplina que tenga que gustarle a todo el mundo, y este artículo no pretende convencer de que ames el Yoga. Pero sí, de tratar de desmantelar esas ideas preconcebidas y ofrecer otro enfoque. Respecto a verlo aburrido, es normal asociar el Yoga con prácticas lentas, para gente de avanzada edad o que tiene dolencias físicas, y si que es algo muy recomendable para estos grupos, pero hay otros estilos que no te dejaran indiferente si lo que necesitas es descargar energía, moverte y, quizás, sentir esa sensación de agujetas al día siguiente.

Prueba con Ashtanga Yoga, una disciplina que combina secuencias dinámicas de posturas con la respiración consciente, favoreciendo la fuerza, la flexibilidad y la concentración.
También con Rocket, una variante de Ashtanga que mantiene su energía y estructura, pero introduce adaptaciones y transiciones más libres y accesibles, haciéndola más creativa y divertida.
También puedes optar por Power Yoga o Yoguilates, que son estilos más contemporáneos y enfocados en el trabajo físico: el primero potencia la fuerza y el tono muscular mediante secuencias intensas, mientras que el segundo fusiona los beneficios del yoga con el pilates para mejorar la postura y la estabilidad del core.

3. Cuando «no sabes meditar» o no puedes estarte quiet@

Simplemente: basta con estar. El Yoga me ha enseñado que hay miles de formas de meditar. Puedes meditar en movimiento (vinyasa), meditar en posición sentada, o bien, meditar con relajación (lo que se hace en la parte de Shavasana). Y es que en realidad, no hay un manera correcta de meditar, puedes entrar en ese estado de flow mientras cocinas o pintar un lienzo y a eso también se le llama meditar, es lo que se conoce como meditación activa. En un módulo de meditación que realicé en mi curso de Rocket Yoga en Soma Yoga Barcelona, nos explicaron que meditar es mantener la concentración en el momento presente tratando de no dejarse llevar por la rumiación mental. Existen varias tecnicas para mantenerte en este estado, las más conocidas son las llamadas «anclas» como por ejemplo la que más se usa en yoga es la respiración. Conentrándote en en inhalar y exhalar puedes acceder al momento presente sin dejarte llevar tanto por los pensamientos.

No podemos negar que es algo que no es tan sencillo, y más, hoy en día que la facilidad y el acceos a la comunicación nos mantiene en alerta y recibiendo muchos estímulos a la vez. Aun así, el hecho de parar a tomar consciencia del momento presente aunque tu mente se disperse al cabo de unos segundos, ya es un gran paso que quizás tu no te das cuenta pero tu cuerpo y tu cerebro sí. Un estudio publicado en la revista Behavioural Brain Research (2015), confirma que la meditación contribuye a una reducción del ritmo cardíaco y respiratorio, una presión arterial más baja y una sensación general de calma, lo que refleja cómo ayuda a regular el sistema nervioso.

Por lo tanto, incluso, un minuto de pausa, presencia y respiración ya son un beneficio que te llevas fuera del mat y que puedes ir entrenando y reforzando paso a paso. También un sesión de yoga, utiliza varias tecnicas ofrecidas por los instructores que te ayudan a mantenerte en este estado como por ejemplo los movimientos, la música, los mantras, y muhcos más que se incorporen en la sesión.

4. La parte espiritual: cuando lo asocias con algo religioso o de «culto»

Si tuviéramos que definir el Yoga como un concepto, tanto en textos antiguos como en los escritos modernos encontramos que se le describe como un arte, una disciplina y una filosofía de vida, pero no como una religión.
Es comprensible que muchas personas lo asocien a lo religioso, ya que el desarrollo del Yoga moderno estuvo influido por la figura de Buda, y a menudo se confunde el budismo con una religión. Sin embargo, según lo que he aprendido a través de maestros, lecturas y cursos, el Yoga se entiende mejor como una corriente de pensamiento y una práctica de autoconocimiento.

Hace miles de años, en sus orígenes, el Yoga —conocido entonces como Raja Yoga— incluía prácticas extremas para alcanzar estados profundos de meditación: largas estancias en soledad en el bosque, ayunos o aislamiento total. Y llegó Siddharta (Buda) quien se dió cuenta que el sufrimiento no era el camino hacia la plenitud, sino que ese estado podía alcanzarse desde el bienestar y la calma interior. A partir de esa visión más compasiva y equilibrada, el Yoga evolucionó, dando lugar a nuevas formas y enseñanzas transmitidas por diferentes maestros.

Con el tiempo, en India se consolidaron los principales estilos que hoy conocemos, como Vinyasa, Ashtanga, Hatha o Kundalini Yoga. Allí, el Yoga se entrelazó con las religiones y tradiciones locales, lo que explica por qué a menudo se lo asocia con la espiritualidad religiosa. Sin embargo, su esencia original no es dogmática: la finalidad del Yoga es cultivar un estado de paz interior, ya sea a través de la quietud, el movimiento o los hábitos conscientes que invitan a vivir con mayor equilibrio.

5. Frenarte por pensar que no tienes el suficiente nivel de Yoga

El mundo occidental nos empuja constantemente a querer más. Las redes sociales, donde tod@s buscamos mostrar lo mejor de nuestras vidas o de algo en concreto, pueden ser un arma de doble filo. Si no tomamos consciencia y no miramos más allá, caer en la trampa de la comparación es muy fácil.

Lo mismo puede suceder en una clase de Yoga. Observas a tu compañer@ realizando la postura completa y, casi sin darte cuenta, aparece esa sensación de que tú no lo estás haciendo bien o de que “deberías” hacerlo igual. Esto es mucho más común de lo que parece; lo veo en la mayoría de mis clases, y eso me hace pensar que todavía es algo difícil de gestionar.

Pero no debemos permitirnos caer en esa trampa. El Yoga no es una competición. Tu práctica es solo tuya, y cada cuerpo tiene su propio ritmo y sus propias posibilidades. Así que te invito a que tomes cada clase como un espacio seguro, un momento para soltar la exigencia y la comparación, y recordar que ya tenemos suficiente competitividad en la vida diaria. En la esterilla, lo único que importa es estar presente y conectar contigo mism@.

6. Cuando no empiezas con el Yoga por que no sabes por qué estilo guiarte

Hay varios estilos de Yoga: Vinyasa, Restaurativo, Hatha, JIvamukti… Mi recomendación es, primero definir qué necesitas encontrar con tu practica de Yoga: desconectar, ejercitarte, mejorar flexibilidad corporal o, quizás concentrarte…? A partir de allí encuentra el estilo que mejor pueda cubrir tu necesidad. Si encuentras que no te ha gustado prueba primero cambiar de profesor quizás, o bien, puedes optar por probar otro estilo ya que quizás te sorprendre y te puede ir bien. En mi experiencia trabajando como instructora de yoga en YogaOne, me he encontrado alumnos que buscaban poder reducir su nivel de ansiedad y relajación y empezaron probando Yin Yoga o restaurativo y temrinaron por practicar de forma regular Vinyasa ya que les permitía descargar energía y posteriormente encontrar ese estado de concentración y relajación al finalizar la clase. Por otro lado, tengo alumnos que son personas muy activas, que practican deportes de alto impacto como crossfit o running y que en cambio han conectado muy bien con practicas de Restaurativo ya que les aporta ese complemento de relajación que no encuentran en sus actividades diarias. Todo es conocer o que necesitas y probar y al final, cada estilo tiene su particularidad pero siempre una finalidad en común: conectar tu cuerpo-mente y energía.

Más allá de señalar los mitos, también es importante poner atención a los beneficios generales de hacer Yoga y a los “Sí’s” para animarte a realizar esta prática e incorporarla a tu vida.

  • Conexión con tu respiración
  • Escucha tu cuerpo
  • Observa como estas en el momento sin juzgarte
  • Permitirte un momento de pausa
  • Abandono de  la comparación y la autoexigencia
  • Extensión de áreas de tu cuerpo que suelen estar bloqueadas inconscientemente
  • Complemento para tu práctica de fitness

En resumen, todos tenemos la libertad de elegir qué prácticas o actividades incorporar en nuestra vida. Sin embargo, desmentir ciertos mitos puede ser muy beneficioso, ya que estos malentendidos podrían impedirte acceder a prácticas que, en realidad, ofrecen grandes ventajas y son diferentes a lo que se suele pensar inicialmente.

Tener mitos o ideas preconcebidas sobre el Yoga podría impedirte acceder a prácticas que, en realidad, ofrecen grandes ventajas

¿Te has sentido identificado con alguno de estos mitos? Nos encantaría saber qué te motiva a practicar Yoga o si tienes algún otro mito preconcebido sobre esta disciplina. Siéntete libre de compartir esta tu experiencia y tus pensamientos en comentarios.

*Es un placer empezar este espacio con el siguiente artículo. En realidad, todo el contenido y todos los artículos que voy a ir subiendo aquí, siguen un mismo propósito, dar a conocer como las enseñanzas del Yoga pueden impactar muy beneficiosamente en nuestro día a día.

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